Con la reafirmación de valores universales como la justicia, el perdón, el amor y la bondad expresados en el cuento de Charles Perrault (La cenicienta), la Compañía Nacional de Ópera (CNO), regresa a la escena con el estreno de la obra bufa La Cenerentola de Gioachino Rossini.
Esta ópera en dos actos, estrenada el 25 de enero de 1817 en el teatro Valle de Roma, cuenta con el debut protagónico de la mezzosoprano tijuanense Guadalupe Paz –becaria actual de Pro-Ópera Ramón Vargas y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, así como ganadora de la National Association of Teachers Singing–, en el papel de la abnegada Angelina y la invitación del colombiano Hans Ever Mogollón como Don Ramiro.
Con la participación de aproximadamente 100 artistas en escena y la presencia del Coro y la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, la CNO arrancó al inició de esta breve temporada –el pasado 13 de junio– nutridos aplausos en un montaje que destaca tanto por su calidad de estreno –ya era necesario sumar títulos al repertorio de la Compañía– como por el sentido lúdico de la propuesta que hizo a la audiencia soltar la carcajada en más de una ocasión.
A las voces de Paz y Ever Mogollón que demuestran un buen acoplamiento en la escena, se suman con éxito Noé Colín, como el codicioso padrastro Don Magnífico y como el pícaro mozo Dandini, Luis Rodarte (ambos bajos barítonos).
Además de la participación de Josué Cerón como el sabio consejero Alídoro; y como las malvadas hermanastras, la soprano Zaira Soria (Clorinda) y la mezzosoprano Gabriela Thierry (Tisbe), un elenco respetable que logra hacer lucir la obra rossiniana bajo dirección concertadora del francés Sébastien Rouland.
En este espectáculo, que cuenta con el libreto de Jacobo Ferreti, sobresale la dirección escénica de Juliana Faesler, tanto por el dinamismo como por la imaginación que desborda.
Son varios los elementos que le dan frescura a la puesta, entre estos destacán la conjunción de personajes –como los cinco ratones que lo mismo ayudan a la heroína en la duras tareas domésticas, que son mudos testigos de las injusticias de las hermanastras–, como una bien lograda y divertida escenografía –creación de la propia Juliana y Moza Saracho–, la cual le añade fantasía a cuadros vistosos y llamativos como la llegada de Angelina sobre un elefante verde, que sustituye a la tradicional calabaza.
El vestuario, diseño de Moza Saracho y la coreografía de Andrea Chirinos, terminan por redondear la producción, un excelente trabajo que enfatiza el tono cómico de la obra de Rossini, sin despojarla de ese lado humano que para el autor fue fundamental.
Otro punto importante para el desarrolo escénico son los gigantescos animales que enmarcan el encuentro de los enamorados en el jardín y otras escenas donde al final triunfan la bondad y el amor por encima del odio y el egoísmo
La Cenerentola es una producción divertida donde los protagonistas viven un drama humano envuelto en la fantasía de una partitura deliciosa, pero más allá de esto es una buena iniciativa por acercar a nuevos públicos –jóvenes y niños principalmente– a la obra bel cantista.
El humor y carácter lúdico que la Compañía Nacional de Ópera le imprime a esta producción que se presenta en el escenario del Teatro de las Artes es una forma de renovar el repertorio y el público; una estrategia de restarle solemnidad a este arte mal llamado elitista, y hacer del acto operístico una experiencia gozosa.
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Se ve que la cronista no fue a las funciones, por que Luis Rodarte no cantó el papel que cita, si no el de Alidoro. Solo lo menciono como detalle.
Comentario by anonimo — 23 junio 2010 @ 1:40
Los ratones me cayeron gordos por encimosos.
Comentario by luna — 11 octubre 2010 @ 18:25