La mayor paradoja del hombre es su capacidad de crear artilugios de destrucción, algunos muy sofisticados y de elevado intelecto, otros más sutiles y en apariencia inofensivos, pero mucho más certeros al momento de entrar en acción.
Pero su mayor logro en esta capacidad destructiva, sin duda, es la autocomplacencia de verse reducido a la miseria y la decadencia que sólo la soberbia puede dar. De ahí que su mejor arma sea la indiferencia, ya sea a través de aspavientos y alaridos huecos, o mediante el silencio cómplice.
Tal situación puede ser denunciada desde una óptica maniqueísta o a través de la mirada irónica de quien ha horadado en las penumbras de la retorcida condición humana. Tal es el caso de Louis Calaferte, escritor francés mal conocido e incomprendido, cuyas obras de teatro son un buen ejemplo de sátiras brillantes y de un humor feroz.
Considerado como un hombre excesivo y provocador, pero a la vez discreto y secreto, denunció profundamente la sociedad y sus injusticias, así como el “espíritu burgués”. Su obra, variada e inconformista, abarca unos cuarenta volúmenes: teatro, novelas, cuentos, poemas y escritos biográficos.
Así pues, Un rico, tres pobres, el más reciente montaje de la compañía TeatroSinParedes, es un buen ejemplo del quehacer teatral de este autor. Escrita en 1986, Un rico, tres pobres, abre las puertas del circo, pero esta vez éste será feroz, poético y cruel.
A través de una multiplicidad de viñetas, cada una escrita como un número de clown y rápidas como golpes de flash, a menudo sin palabras, Calaferte juega con destreza a las rupturas de tono y pasa en un instante de lo cómico a lo trágico, en situaciones que dan como consecuencia ver sólo los extremos, sin “medias tintas” o complacencias.
El texto es “una combinación de fragmentos, de discusiones, de monólogos escritos para una multitud de personajes (más de 100). Éstas son palabras de la vida cotidiana, de los tiempos que corren, pero también son confesiones, oraciones, esperanzas, exhortos, palabras de la miseria. Son viñetas que exponen a la sociedad sobre el escenario, el rico, el que posee todo y por supuesto los otros, los pobres.
Es el eterno conflicto tratado con una aparente banalidad de situaciones, en suma: la injusticia cotidiana… Es entonces el circo, el gran circo de la vida, el carrusel infernal del mundo al que nos invitan los personajes… Todo naturalmente, para interpretar y jugar con los políticos, los militares, los religiosos y otros magistrados”, a decir de David Psalmon, director y actor de la puesta en escena.
No obstante, a pesar de contar con un buen elenco, una música y canciones bien interpretadas, y un equipo en general bien estructurado, el montaje adolece de caídas en el ritmo por la propia estructura del texto, así como de cierta reiteración en la temática de las escenas, lo que da lugar a una sensación de alargamiento innecesario y un tanto tedioso, pues lo que ya se vio en el cuadro quinto, por ejemplo, se ve de nuevo (con otras palabras tal vez, pero en esencia lo mismo) en el noveno y después en el decimoquinto, restándole cierta frescura al montaje y volviendo lo irreverente un tanto predecible.
Un rico, tres pobres, de Louis Calaferte, bajo la dirección de David Psalmon, se presenta los sábados a las 19:00 horas en el Teatro La Capilla.
Toda paradoja es, en esencia, el reflejo de la condición humana. Fotos: Ibari Ortega.
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hola
psss
muy
interesante
la
obra
aun ke
no soy
muy
fan
de las
obras
pero
esta
esta muy
interesante
Comentario por guadalupe — 30 Noviembre 2008 @ 22:29