Las calamidades nunca vienen solas. Es más, hasta parece que esperan para juntarse y llegar una tras otra en el momento menos pensado, o sea cuando uno cree que todo está bien, pero no. Y si eso es complicado cuando uno ya es adulto, qué esperar cuando se es niño y hay muchas cosas que no quedan muy claras todavía. La situación puede tornarse grave, delicada, o muy delicada, al grado de estropear el mundo que hasta antes de ese suceso fatal, bueno, no tanto, pero sí de mucha importancia, era casi perfecto.
¿Cómo reaccionar, entonces, ante una noticia que pone en juego la realidad infantil, digamos una noticia como que uno es adoptado? Y no es cosa menor, sobre todo si se considera que han pasado más de 10 años con la idea de que los papás que se conocen son los únicos, y de buenas a primeras resulta que tal verdad se desquebraja en un momento. ¿Qué hacer, y sobre todo, cómo tomar la vida en adelante?
Esta es la premisa de la obra Malas palabras, de Perla Szuchmacher, que el pasado 5 de julio tuvo su estreno en el Teatro Casa de la Paz, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Ganadora del premio FILIJ de Dramaturgia Infantil por obra inédita en 2001.
Malas palabras cuenta la historia de Flor, una escritora que todos los días antes de ponerse a trabajar canta mientras acomoda su escritorio, punto de partida para abrir su caja de recuerdos y contar una historia como la de muchos niños que son adoptados por padres amorosos, quienes tienen miedo de afrontar el momento de la revelación, que tarde o temprano tendrá que suceder.
De este modo, la mesa de trabajo de Flor se convierte en el mundo de su infancia donde aparecen los juegos con el Pelos, su amigo del alma; Benítez, el vecinito maltratado, y la mamá, el papá y una tía de esas que nunca faltan.
Un pequeño universo donde se está bien resguardado, con los problemas propios de la infancia, y con un maravilloso juego que es la fascinación de Flor y el Pelos: buscar malas palabras en el diccionario.
Sí, esas palabras que dicen son malas por ser prohibidas para los niños pero muy usadas por los adultos, sobre todo cuando se trata de agredirse, insultarse o herirse. Aunque también hay otras que son malas por como suenan o como se escriben, de ahí en encanto del juego.
Así pues, a partir de animar objetos cotidianos, como un trapo, un prendedor para el cabello, unos anteojos, una caja de madera, una pequeña sombrilla, una máquina de escribir… Flor da vida a los personajes que la ayudarán a ser la mujer que es actualmente.
En este sentido, Perla Szuchmacher comenta que “el concepto de la obra de teatro es de trabajar con ciertos artículos: en escena aparece una actriz y otros personajes como el papá, la mamá, la tía y el amigo, pero todos ellos resueltos a través de la transformación de objetos cotidianos”.
Malas palabras, con música original de Mariano Cossa, escenografía e iluminación de Matías Gorlero y la letra de las canciones de Antonio Machado, se presenta los sábados y domingos a las 13:00 horas en el Teatro Casa de la Paz.
Con una dirección de la propia Perla Szuchmacher, y la actuación de Haydeé Boetto y Micaela Gramajo -alternando funciones-, Malas palabras en un montaje muy bien logrado, con un trazo limpio, una interpretación amena y divertida, y sobre todo con la firme convicción en el criterio del público infantil para captar este tipo de temáticas.
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