Antes de viajar a Fracia, José María Mantilla, director de La muerte de un viajante –que se presenta actualmente en el Foro Chapultepec con el primer actor José Elías Moreno–, nos aompañó a ver El filósofo declara, y con ese tono simpático y sencillo que lo caracteriza comparte con nuestros lectores sus impresiones sobre el trabajo escénico que Antonio Castro realiza en esta puesta inteligente que con grandes actuaciones nos muestra que las relaciones afectivas entre los seres humanos no son fáciles para ningún mortal y menos para un filósofo.
¿Cuál es el conflicto que plantea El filósofo declara?
JMM: El enfrentamiento del hombre racional con la vida misma, esa vida simple de todos los días que nos obliga a relacionarnos con las cosas más comunes y en donde el pensar demasiado, por momentos, parece que está de más. Se plantea a través de un juego de espejos o como si estuviéramos ante unas matrioshkas: siempre hay algo más allá de lo que, en apariencia, vemos.
¿Cómo ves el planteamiento de Antonio Castro?
JMM: Existe un contraste evidente entre lo complejo y retorcido que son los personajes y sus conflictos, y lo claro y simple que, supuestamente, resulta la puesta en escena. Esto da como resultado un montaje donde los protagonistas son el texto y los actores. La gran virtud del director es pasar inadvertido. 




