Jorge Ballina debuta como director escénico con esta producción que se presentará en el Teatro Julio Castillo.
Thomas Mann (1875-1955) fue uno de los narradores más singulares del siglo XX no sólo en lengua alemana sino como exponente de una literatura que supo conjugar la rica tradición de su país natal con las más variadas corrientes del pensamiento, el arte y la psicología de su tiempo.
La montaña mágica es el punto de partida de mucho de lo escrito en el siglo XX y sigue siendo una de las novelas insignes en la evolución del género. Muerte en Venecia de 1911, en su personaje principal, Gustav von Aschenbach, funde aspectos autobiográficos ¿alter ego? y también de algunos pasajes en la vida del compositor austriaco Gustav Mahler (1860-1911): en su viaje al encuentro con la muerte, el envejecido hombre redescubre la belleza en la figura del joven Tadzio.
El lazo platónico entre ambos –más bien de manera unilateral–, más las disquisiciones filosóficas y estéticas sobre la vida y la muerte enmarcadas en una Venecia idílica por decadente pero mágicamente bella y seductora, serían aspectos demasiado atractivos para dos artistas icónicos y contemporáneos, el compositor británico Benjamin Britten (1913- 1976) y el cineasta italiano Luchino Visconti (1906- 1976). 




